Nuestro principal motivo es generar
que se conozca los mecanismos y se ponga en marcha y desarrollo de una cultura
de servicio público, para fortalecer la administración pública y desarrollar un
estado más moderno, eficiente, equitativo y descentralizado, aprovechando las
condiciones de nuestro país peruano que nos brinda una nueva oportunidad de
transformación, por lo que la administración pública y los actores públicos se
enfrentan a la ineludible responsabilidad de “hacer las cosas bien”, tomar
decisiones adecuadas y oportunas, sobre todo gestionar los procesos y proyectos
de cambio.
Coincidimos con la formación de
profesionales con “vocación pública”, con una sólida formación profesional,
competentes, con la capacidad de análisis, creatividad y flexibilidad que la
complejidad y diferencias de nuestro medio exige, aprendiendo de otras
personas, experiencias y países, como parte de promoción del intercambio y articulación
de gestores públicos dispuestos a realizar los cambios que requiere el Perú.
Hay gravísimos problemas que afrontan
muchas autoridades o elegidos a quienes se les encarga la administración de los
recursos públicos, que tiene el principal vacío de la gestión pública en el
Perú, traducido en falta de estrategas de comunicación pública, en lo que se
observa en gobiernos locales, regionales, ministerios, organismos públicos
descentralizados o empresas públicas, son ideas equivocadas, desconocimiento,
falta de capacidad y la errada y generalizada noción, de que hacer comunicación
gubernamental, es coordinar entrevistas con medios de comunicación, redactar
unas cuantas notas de prensa, y manejar de manera informal las crisis que se
presenta por escándalos o situaciones adversas, frente a la opinión pública,
hechos simples, que por falta de tino, se convierten en inmanejables.

El gestor público como administrador de
recursos públicos, debe tener por lo menos referencias del marketing
Gubernamental, o realizar comunicación gubernamental que supone incorporar en
la mentalidad del burócrata tradicional la noción de marketing, que supone el
desarrollo de planes de comunicación que acompañen los productos y servicios
que brinda el Estado al ciudadano, esto se traduce en asignar marcas
registradas a cada producto que queremos que se conozca y se comunique a la
población, paralelo a diseñar campañas de publicidad, que difundan las ventajas
sociales del producto estatal. Muchos se enfrentan al miedo de la Austeridad,
lo que es sorprendente, esto es una de las grandes excusas que utilizan los
burócratas tradicionales para no dar luz verde a la inversión publicitaria en
el Estado, nada más alejado de lo real, por ser interpretaciones antojadizas,
que demuestran su resistencia natural por miedo a la austeridad. Se debe romper
este mito urbano que entorpece la labor del gestor gubernamental y en muchas
ocasiones esto genera, el bajo impacto social que requiere una política
pública.
No está demás recomendar cursos de
inducción obligatorios donde se reitere logros y avances de la institución, y
se involucre al gestor y funcionario en estas buenas prácticas. Se debe
entender que los gestores públicos, ha escogido la administración pública como
opción de vida profesional, a pesar que a muchos podríamos recomendarle
situarse, en otro sector más rentable como el sector privado, si su talento así
lo demuestra. El utilitarismo imperante en nuestra cultura impide a veces
reconocer la existencia de cierta clase de personas, cuyas mayores
satisfacciones no les vienen dadas predominantemente por la retribución
externa, sino por motivos trascendentes como el simple deseo de servir, de
sentirse útiles, esa es la esencia del “Gestor Público” y la administración pública,
que puede encontrarse en las propias
raíces latinas del concepto: “ad ministrare” (ser- vir a) o “ad manus -trahere”
(traer a mano, manejar), que también brindan la idea de servicio en la
provisión, gestión, manejo o cuidado de asuntos o bienes públicos. En este
sentido, la razón de ser del gestor y/o funcionario es “servir”, servir a la
Nación, que es, fundamentalmente, una colectividad humana, por lo que el
ejercicio de la función pública se traduce en el servicio a la persona humana
para el Bien Común.
No es tarea fácil ni siempre comprendida, el
gestor público está expuesto a mil
presiones, tentaciones y dificultades. Pero, felizmente, al lado, en su
condición de ser humano, está dotado de ciertas potencialidades positivas
denominadas “virtudes humanas”, consistentes en unas disposiciones habituales
para hacer el bien, lo contrario del vicio que es el hábito de hacer el mal. La
eficacia de la gestión y administración pública no es una mera cuestión de
eficiencia. Se puede ser eficiente para el bien o para el mal. Es asunto de
valores, bienes morales deseables: el “deber ser” de las cosas. El ser humano
es el único ente del universo capaz de reconocer valores, y para distinguir
entre el bien y el mal cuenta con la razón que conduce a la verdad. Debe, por ello,
ilustrarse acerca de las verdades éticas ya que, de lo contrario, causará el
mal por simple ignorancia, aun queriendo o creyendo hacer el bien.
Todavía están como tarea pendiente para el gestor
Público, los indicadores de gestión, hay en el momento iniciativas de ley
aprobadas, presentadas, y otras en el ejecutivo, trabajo en comisiones
ordinarias, concurrencia de ministros al Parlamento, capacitación laboral y
cantidad de memoriales presentados por la ciudadanía, lo que nos indica en
nuestro país que todavía no están siendo entendidas, ni utilizadas con
eficiencia, como herramientas de gestión de nuestras organizaciones públicas.
En los estándares de gestión pública, con la gestión
de proyectos, debe clarificarse, cuando se quiere hacer algo, lo primero que
hay que determinar es, qué es lo que se debe lograr, y no, qué es lo que hay
que hacer. Por lo tanto, lo primero es necesario definir indicadores de lo que
se aspira lograr, luego de saber qué es lo que se quiere lograr se puede
definir qué se hace, cuánto demora?, cuánto cuesta?, qué habilidades se
requieren? y quiénes serán responsables de las acciones?, y cómo se comunicará
lo que se haga con todos los actores involucrados?. Los estándares recomiendan,
además, que todo esfuerzo para un logro debe tener un inicio y un final. No
importa si lo que se hace es una acción temporal o repetitiva (si es un
proyecto o una función), siempre debe haber momentos en que se rinda cuenta de
lo que se ha logrado, previamente con planificación, ejecución, seguimiento y
control. Por ende si tuviéramos claro
el indicador de éxito del actual Congreso de la República, como un indicador de
calidad y efectividad de toda la legislación nacional, si el indicador para el
2012 fuera algo así como que la legislación nacional en pleno tiene un 10% de
efectividad en la realidad, en el 2015 podríamos aspirar a tener un 50% de
efectividad. Es verdad que es difícil medir este indicador de efectividad de la
legislación, pero no es imposible, si, se usan herramientas de la Gestión
Pública.
Finalmente el Gestor Público, debe tener en cuenta el Código
de Ética de la Función Pública que señala principios y deberes del servidor
público aspectos tales como Respeto, Probidad, Eficiencia, Idoneidad,
Veracidad, Lealtad y Obediencia, Justicia, Equidad, Lealtad al Estado de
Derecho, Neutralidad, Transparencia, Discreción, Ejercicio Adecuado del Cargo,
Uso Adecuado de los Bienes del Estado y Responsabilidad. Pero el logro de tales
cometidos éticos reclama la presencia de un conjunto de virtudes previas,
básicas para el funcionario. Y la virtud superior en nuestra ciudad, región y
gobierno central, requiere de personas con lucidez para saber identificar, en
cada caso, qué es lo debido a quién y cuánto de aquello le es debido, pero por
sobre todo con el coraje suficiente para adoptar decisiones justas. De estas
virtudes básicas se derivan todas las demás, asegurando el éxito del gestor
público y/o funcionario cabal.
Lic.Soc. Fulgencio Quispe Apazafulgencioq@yahoo.es953520101.
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