viernes, 9 de abril de 2021

PROGRAMAS SOCIALES QUE NO RESUELVEN LA POBREZA.- Por: Sociólogo: FULGENCIO QUISPE APAZA. Facilitador en Programas Sociales

Mientras se tuvieron algunos programas sociales como paliativos, en el  marco de un modelo económico neoliberal y libre mercado lo que hace falta en nuestro país es, inclinarse por un nuevo modelo de desarrollo y un nuevo rol de planificación e implementación de reformas que sean estructurales  así como, contar  con  un  nuevo  patrón  de  desarrollo. Es fundamental que las estrategias de los programas sociales efectivos disminuyan los niveles de pobreza, y ello se lograrían en atender a los sectores generadores de activos y condiciones  sociales  y  los  programas  intersectoriales  de  Protección  Social  y  Desarrollo Integral  Comunitario.

 El fin y el objetivo, no solo debe ser  proveer de  servicios  básicos  sino  promover capacidades  económicas  a  familias  y  comunidades, y los objetivos sean claros en generar  un patrón equitativo de distribución  de riqueza y oportunidades, como el  promover el ejercicio pleno de  la  dignidad  y  los  derechos  de  las  personas  y  los grupos  sociales. Se deben implementar programas  de  desarrollo  destinados  a  reducir  drásticamente  las  situaciones  de  riesgo  y  sus consecuencias.

Viendo los logros de los programas sociales en Bolivia como estrategia apuntaron a la formación  de  un  Estado Socio-comunitario  donde  “el  pueblo  ejerce  el  poder social  y  es  corresponsable  de  las decisiones de su propio desarrollo”. Estrategias que también apuntaron hacia el sector productivo, orientado  hacia  una  transformación  de la matriz productiva logrando el desarrollo de Complejos Productivos Integrales y dándole al Estado el poder de generar excedentes, ingreso y empleo, en base a sectores estratégicos de la economía. A ello se suma la  estrategia de Bolivia  Soberana, que se  refiere  a  un  cambio  en  la política exterior con una mayor representación de “ los pueblos” en el exterior y la defensa de los recursos naturales y la biodiversidad y una atención a los generadores  de  activos  sociales,  en  el  sector  salud  y  en  el  sector  educación. 

Volviendo a nuestro país, para que un programa social sea efectivo, los objetivos deben ser claros y los componentes (sea de productos, servicios o acciones que ofrece el programa) deben contribuir al logro de éstos, por ende en el país Perú, se tuvo problemas de calidad de la política social, cuando debe medirse a partir de su impacto en la mejora del nivel de vida de la población. Las escasas mediciones que se han hecho revelan un impacto bastante limitado en indicadores como los ingresos, tasa de pobreza, desigualdad o desnutrición, sumándose la pobre calidad de los servicios o prestaciones sociales de tamaños muy por debajo de lo necesario para generar cambios importantes en la población; presupuestos pro cíclicos, mal focalizados y con filtraciones en diferentes niveles de la operación; ausencia de un procedimiento de monitoreo, evaluación de impacto y rendición de cuentas; y bajos niveles de capacitación de la burocracia pública nacional y local.

La lucha contra la pobreza en el Perú no tiene avances sino retrocesos, es lo más resaltante, por sus debilidades, en un contexto de restricción de recursos monetarios y de crecientes demandas sociales, requiere que los fondos públicos y privados, en la totalidad de programas sociales paliativos con dependencia. Al momento actual, el país, percibe que el sector educativo se mantiene desatendido, el Acuerdo Nacional estableció un incremento anual del presupuesto del sector educación igual al 0.25% del PBI –hasta que éste alcance un monto global equivalente al 6% del PBI– compromiso político, que no se cumple.


Las evaluaciones de los programas sociales y su impacto y las acciones concretas del Gobierno no fueron efectivas en mejorar el impacto de la política social, sobre todo considerando que las más importantes que estuvieron operando desde el MINDES de años atrás y los años recientes de la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), donde solo se  trabajó en alinear objetivos con componentes, definir procedimientos operativos para las prestaciones, que evidencian ser programas sociales paliativos (Juntos, Cuna Más, Pensión 65, Foncodes y Pronaa), al igual que todos los programas sociales, no tiene efectividad del esquema del Presupuesto por Resultados (PPR). Toda vez que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no aseguró los niveles de coordinación adecuados entre el MEF y los organismos ejecutores para implementar sus recomendaciones y entre el MEF y el Midis para evitar superposiciones.

En lo que concierne a la articulación de la política social, las decisiones más importantes han venido de parte del Sinadis Sin embargo, no se clarifica sus operaciones y en qué medida se diferencia de otros “esfuerzos” de “articulación” (con resultados concretos limitados) como la Estrategia Crecer del gobierno anterior. La creación del Sistema Nacional de Desarrollo e Inclusión Social (SINADIS) y la implementación de la Ventanilla Única Social (VUS), más han generado dudas y falta de coordinación entre los niveles de gobierno: central, regional y local, toda vez que éste es la principal fuente de desarticulación de los programas sociales. En este sentido es prioritario mejorar el deficiente sistema de identificación de beneficiarios, como el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH), que se muestra en constante desactualización para las zonas urbanas, y el Padrón de Beneficiarios y Mapa de Impactos de Programa Sociales, que no permite atender a los verdaderos necesitados  y no muestran resultados de bajar los niveles de pobreza, sino más son paliativos con limitaciones.

En resumen, el balance en el Perú no es nada halagador en este breve análisis, los mayores aciertos y avances concretos, hasta el momento, están en los esfuerzos por mejorar el diseño y evaluación de los programas sociales. Es urgente la falta de articulación y focalización de la política social, que no permite avances concretos respecto a los planes dados a conocer. Finalmente, un aspecto bastante resaltante en los programas sociales debe surgir como política  nacional desde las iniciativas locales, con una mayor participación social con los gobiernos municipales que tienen un cierto grado de flexibilidad para ser creativos en organizar la política social local con un mapeo  de  necesidades más urgentes.

Sociólogo: Fulgencio Quispe Apaza

fulgencioqa@gmail.com


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