La corrupción en nuestro país se resiste a desaparecer, a pesar de haber acabado los periodos de bonanza económica, que fueron periodos en los que el país tuvo las mejores oportunidades de lograr una serie de anhelos nacionales, uno de ellos de lograr la industrialización de sus recursos naturales, ensombrecido por el lastre moral, que vino opacando todo tipo de aspiraciones para la mayoría de los peruanos, donde siempre se impuso una pequeña casta de los grupos de poder para usufructuar de las riquezas nacionales.
Es innegable y salta a la vista por donde se le enfoque que nuestro país Perú es un país rico en recursos naturales. Su biodiversidad marina, sus microclimas con sus riquezas vegetales, sus suelos polimetálicos, sus yacimientos de petróleo y gasíferos; es decir en costa, sierra y selva todas las regiones aportan y dan materias primas, extraídas de sus suelos, que genera riqueza para el Perú. Y todo esto conjugado por la nobleza – y la riqueza espiritual - de sus pobladores, que entusiastas miran como se explotan sus tesoros - sin esperar nada a cambio – confiados en sus gobernantes, que suponen, administraran honradamente la Nación; en beneficio de todos los peruanos en general, todo ello nos fue efímero, e inexistente, por los altos niveles de corrupción que se vivieron en los tres niveles de gobierno.
Nuestro pasado y nuestra historia nos
demuestra con crudeza y realismo que hasta la fecha, no ha existido gobernante
honesto que sepa distribuir la riqueza de la nación, en forma proporcional,
racional y justa en beneficio de todo el país; salvo las honrosas excepciones en
periodos cortos como el de Juan Velasco Alvarado, que siendo una dictadura,
imprimió un gobierno de corte social, sentando los cimientos de nacionalización
de nuestros recursos e inicios de un periodo corto de impulsar la
industrialización nacional, en corto periodo que acabó con otro golpe militar.
Al no contar con una debida planificación a largo plazo en el Perú, vinieron
periodos de gobierno, más magros para el país, donde la corrupción, el saqueo
de nuestros naturales y la presencia del capital salvaje, hasta los actuales
momentos con un modelo neoliberal primario exportador de materias primas, y extractivista,
con la componenda de nuestras autoridades y gobernantes, solo favorecieron a
los grupos de poder económico nacional y transnacionales.
Es que todo nos recuerda, por los
diferentes periodos de gobierno que pasamos, así como se dio la emancipación
liderada por Don José de San Martín, los primeros gobernantes, lo primero que
hicieron fue salvaguardar los intereses privados y personales, en lugar de
beneficiar el interés público de toda una Nación. Está escrito y constan en los
archivos de la biblioteca nacional, esta situación, siendo los principales
responsables de esquilmar y terminar con toda las bonanzas económicas del
caucho, del guano, del cobre, del hierro, del petróleo, de la anchoveta, del
gas natural y el oro; todas tuvieron un solo beneficiario, que fue el interés
privado, en lugar de privilegiar el interés social del bien común; y todos bajo
el interés doloso de los gobernantes de turno, que bajo LA CORRUPCIÓN
INSTITUCIONALIZADA –aceitados económicamente – se hicieron de la vista gorda,
permitiendo el entreguismo, y ahora en plena modernidad, con la imposición de
contratos lesivos al interés nacional, sin salvaguardar, siquiera, el interés
del medio ambiente, que es la vida misma de los habitantes donde se explotan
las riquezas extraídas.
Los presidentes que han llegado al
poder para administrar la Nación, sean golpistas o democráticos, la gran
mayoría se enriquecieron a costas del erario nacional; otros rematando los
bienes públicos, y los últimos regalándolo bajo la modalidad de “contratos
privados” concesionando y condicionando el interés público, al usufructo doloso
del interés privado extranjero…Y todos fueron apoyados por los políticos, que
se convirtieron en nuestros verdugos.
Luego que nuestro país, paso por los
periodos más dolorosos y con pérdida de vidas humanas, y con altos niveles de
terrorismo implantado por grupos mesiánicos y también desde el estado y encima
una constitución del año 1993, impulsado por actores políticos, que hoy cumplen
condena por delitos diversos, ellos fueron los que avivaron esta constitución
del 93, hecha a la medida de los intereses foráneos y perjudicial para el país,
para lograr su propio desarrollo. Sin embargo no se puede olvidar que pasada la
década del periodo más nefasto de los 90 al 2000, diversos movimientos y
partidos políticos a media voz, vieron la necesidad de acabar con la corrupción,
de cambiar la constitución, reclamada no solo por sectores progresistas o de la
izquierda, sino por los mismo partidos de derecha de corte neoliberal y social
cristianos, entre otros, con ideales de favorecer el Bien Común; es decir la
priorización del interés social del ser humano, por encima del interés del
capital, mediando sabiamente para no caer en los extremos.
Los diversos sectores políticos y sus
representantes así lo entendieron y fue esa la razón fundamental cuando en la
Asamblea Constituyente del 78 CONSENSUARON entre rivales políticos LA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL 79, hecha para desarrollar la Nación –con sus
candados – en el campo social y económico; lamentablemente esta Carta Magna no
ha sido defendida por la clase política y callaron los mentores ideológicos, se
dejaron imponer una nueva Constitución del año 1993, donde todo el campo
económico es favorable, solo al capital, en desmedro del Estado y de la
población civil en general. Ha faltado pues una defensa doctrinal de antaño,
que es el servicio a la sociedad, en lugar de usufructuar el cargo
representativo para servirse de él, en provecho propio.
No debemos olvidar que la política – lo dice Aristóteles –
“Es la ciencia indispensable al legislador y al hombre de Estado. Puede
agregarse que deben ser estos – los políticos – capaces de de juzgar una
Constitución y de asignar, de acuerdo con los datos que se les proporcione, los
principios que deben hacerla viable y los hechos han de asegurar su duración.
De otra manera, una ciudad no tendrá un buen gobierno social, por haber
abandonado esta ciencia.”
La presencia de una dinastía política
que encarnó la corrupción a los más altos niveles, se resistió a desaparecer, y
al contrario desde los años noventa se fue fortaleciendo en perjuicio del Perú
hasta convertirse en una Monarquía en la familia Fujimori, cuyo entorno no solo
familiar, sino político, sembró y cosechó durante todos estos años, la corrupción
institucionalizada en todos los sectores. Ha desaparecido y desviado la
atención a la ciencia política – desvirtuándola – al centrarse en el interés
personal – de los que están alrededor del que tiene el poder – que son pocos. Y
olvidarse del interés colectivo social del bienestar para todos y del bien
común, que somos millones. Que es el interés social de las grandes mayorías,
hoy olvidadas.
Muchos gobernantes, de nada les
sirvió, llegar al poder, y una vez ahí – de la mano con la corrupción –
gobernar sólo para un reducido grupo, como es el interés del capital, acumulando
la riqueza, llenándose de plata, gozando de todos los placeres y luego se fueron llevando
muchos millones de soles y dólares para ocultarlos en los paraísos fiscales
extranjeros – el dinero material mal habido – y lo peor, sin trascender
espiritualmente con la labor social, que fue la meta que se trazó cuando
político, quiso alcanzar el poder, para luego olvidarse de quienes lo
encumbraron..
La corrupción se resiste a
desaparecer, a pesar de las malas experiencias vividas con los Sánchez Cerro,
los Leguías, los Fujimoris, los Toledos, Garcías, Humalas, PPKs, Vizcarras,
Merinos y Sagasti, que abonaron la miseria moral, pese a esa situación hoy
pretenden volver a delinquir, o persisten en capturar el poder, para el
preovecho personal, y salvarse de los delitos cometidos, pero aún existen
ciudadanos que tienen todas las intenciones de convivir con la corrupción y lo
apoyan para que lleguen nuevamente al poder, felizmente se trata de sectores
minoritarios.
Es momento, de generar cultura
política en el Perú, y resaltemos a Aristóteles
considerando, que el fin supremo de la sociedad y del Estado es garantizar el
bien supremo de los hombres, su vida moral e intelectual. La realización de la
vida moral tiene lugar en la sociedad por lo que el fin de la sociedad, y del
Estado por consiguiente, ha de ser garantizarla. De ahí que tanto uno como otro
consideren injusto todo Estado que se olvide de este fin supremo y que vele más
por los intereses capitalistas, que por los de la sociedad en su conjunto,
propiciando el goce equitativo del bienestar común, que debe ser la bandera de lucha,
para la identificación nacional, en este proceso electoral que se nos viene el
6 de junio 2021.
Sociólogo: Fulgencio Quispe Apaza
fulgencioqa@gmail.com
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